Grettel Arrate’s ArtWorks

Vive y trabaja en Santiago de Cuba, Cuba
Hace mucho tiempo pregunté a Grettel por qué en su obra siempre aparecían esos tubos circulares que parecían apresar todo lo que en ellos figuraba. Tal vez ella no lo recuerda, porque entonces no me respondió. He vuelto a preguntárselo luego y ya sé su respuesta, aunque también supe enseguida que ya no la necesitaba. Después de conocer casi todo lo que ha salido de sus manos, de verla incluso inmersa en el proceso de la creación, creo haber comprendido su verdadero sentido. Aquí está, visible en estos cuadros que nos pone delante hoy, agrupados bajo el título de una de sus series: “Historias cotidianas”. Historias de la vida de Grettel Arrate. Historias que, aún sin los referentes muy personales a los que alude, pueden ser las historias de la vida de cada uno de nosotros, como protagonistas o como espectadores.

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Figuras humanas acorazadas, asaetadas en similar martirio de San Sebastián, apresadas en breves telarañas, tal vez tratando con soterrada intensidad de escapar de esa realidad circular que las apresa: sufrimiento ajeno en el sufrimiento propio. Erick el Rojo, Iván el Terrible, alguna otra persona engañosamente común, son las presencias que la historia masculina presta para desentrañar la relación de pareja, los conflictos del devenir de los seres humanos. Hombres de la Historia martirizados por su personal y terrible historia. La repetida imagen de los tubos metálicos, de los que emana una inquietante luminosidad, permite aquí potenciar su doble función: por la plasticidad de la forma del objeto propiamente dicho y por su significado como metáfora para ofrecer el enrejado que contiene y desborda, símil de los frenos que la vida pone delante de cada historia que transcurre y es.

Similar efecto producen al ser usados para configurar este hermoso homenaje a su padre, al recrear de modo peculiar aquel mundo de los objetos cotidianos que Pedro Arrate entregaba. Grettel nos lo muestra hoy desde otra mirada, y por su circularidad desfilan su silla personal, paraguas, bote, palomar, objetos todos que parecen desmentir en el imaginario de Grettel la función real para la que fueron concebidos. De esa misma realidad, y desde el extrañamiento que provoca una mirada como la de esta pintora, nace una serie dedicada a los “rastafaris”, imágenes que son ya parte visible de la vida de la ciudad, de la vida de las ciudades de Cuba.

En estas diecisieta piezas, como en muchas de sus series anteriores, Grettel Arrate se desliza con maestría entre la abstracción figurativa y la lírica, o sencillamente en los caminos de la abstracción, siempre sin estridencias y siempre con un ojo sagaz. Sus caminos todos aluden y presentan un pensamiento gráfico que sustenta la imagen y el entramado de la coherencia que la misma va recorriendo. Utilizando la difícil técnica del pincel de aire, que ya sabemos ingrato y difícil de domar, Gretell demuestra que el uso del mismo es más que una posibilidad de embellecer la expresión plástica.

Si tuviera que elegir entre las muchas razones que me convencieron para escribir desde estas piezas, para que estén presentes en mi poesía de estos tiempos, que tratan de poner puentes colgantes de palabras que salven los abismos del corazón del hombre, como trata Grettel de salvarlos con sus entramados muros, diría, sobre todo, que he recordado los años muy felices en que en estos mismos espacios un grupo de jóvenes, entre los que estábamos las dos, soñábamos con construir pirámides de palabras e imágenes para que el ser humano fuera mejor.

Teresa Melo

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