Welis Peña Avila

RETROSPECTIVA

Esta es una invitación a penetrar uno de los mundos simbólicos más atractivos y personales de la plástica holguinera actual. Un mundo con el cual el espectador establece de inmediato no solo el reconocimiento sino la simpatía y aprende a buscarlo y seguirlo. El mundo pictórico de Willy Peña.

“¡Qué mano!”, es una de las manifestaciones más socorridas y frecuentes que escuchamos ante la obra de este pintor. Y sí, es muy evidente que el artista sabe doblegar la rebeldía del pincel, la esquivez del color, el rechazo de la tela, la fugacidad de las formas. Sin embargo, nunca está de más recordar que la mano es el último trayecto del arte. Todo empieza por una sensibilidad y una inteligencia. Si se quiere por una sensible inteligencia o una inteligente sensibilidad. Y eso es lo que hay que empezar diciendo de este pintor. El largo recorrido que su modelación autodidacta ha transitado, la inequívoca expresión alcanzada, sus atrayentes visiones simbólicas son el resultado de un largo decantar de experimentación. El pintor ha tenido que ver y ver, intentar e intentar, someter y someter, hasta ir adquiriendo los acordes plásticos que lo identifican. Es así con inteligencia y tesón que ha alcanzado la plenitud aquí mostrada.

En la obra de este pintor destacan la excelencia del dibujo, los logros del color, la atinada concepción y la personal imaginería con que transmite sus obsesiones y sueños. Es un mundo de contrastes, uno donde el artista parece querer llamarnos la atención de que en la vida no hay simplicidad sino suma de elementos a veces opuestos. Aquí se entremezclan lo humano y lo maquinal, la natural y lo artificial, lo bello y lo feo, lo dulce y lo terrible, lo aparente y lo oculto, lo tangible y lo evanescente, lo inmediato y lo sobrenatural. Y es la inteligencia la que va dictando composiciones, texturas y formas. Una inteligencia que somete, procesa y propone. A esto se suma un don que no siempre se adquiere y que parece ser un regalo de dioses, el buen gusto. Es una vieja manera de decir pero no por eso es inservible o caduca. Hay los pintores que asombran, los que inquietan, los que enamoran. Willy es de los que seducen, una rara mezcla de inquietud y enamoramiento. Y mucho de esta seducción se logra por el buen gusto al combinar los diversos elementos para conformar sus propuestas simbólicas.

Miremos silenciosa y detenidamente. No presupongamos, dejémonos ir por donde nos guía sus criaturas y escenografías. Pronto nos hallaremos transportados a un mundo donde reconoceremos más de dos o tres signos con los que cotidianamente nos enredamos y tropezamos, para bien o para mal. Siempre para que estemos mejor advertidos.

Manuel García Verdecia

2 de marzo de 2007

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